Amigo Rafapal, aprovecha al máximo tus bien merecidas vacaciones de verano.

Creo que alguna vez te he mencionado la expresión “Amores Ridículos” pero no te he dicho de qué se trata. Al final de la década de los ’60 (tal vez, por la influencia de los movimientos Hippies “hacer el amor y no la
guerra”) en mi ciudad donde crecí los romances entre los jóvenes (hombres con mujeres y viceversa) eran relaciones genuinas, sin cálculos, ni competencias. Había mucho compañerismo y solidaridad incondicional. Las parejas centraban su relación desde el romance. A través de la fuerza del AMOR que nos unía, estábamos dispuestos a cambiar las estrictas y conservadoras costumbres heredadas de la educación Victoriana.

Los novios y novias, sólo queríamos estar cerca el uno del otro para hablar de nuestras cosas, compartir el sentimiento y pensar en un futuro, juntos.
Todo ello sin dejar el estudio y el propósito de graduarnos. Recuerdo en
este momento, a una de mis hermanas mayores. Ella tenía unos 14 años cuando se enamoró de un muchacho que vivía en la misma calle de nuestra casa. Él, a quien llamaban “Catire”, era el mayor de cuatro hermanos y su papá era el dueño de un pequeño abasto de víveres. El Catire tenía buena formación familiar y nobles principios pero, no le gustaba a mi padre porque “no estaba a nuestro nivel”. Mi hermana y el Catire sostuvieron un largo romance a escondidas pero, para mi padre eran, solamente, imposibles “AMORES RIDÍCULOS”.

Fue una lucha titánica de mi padre para separarlos, hasta que lo logró.
Pasaron los años, ella se casó con otro y el Catire se casó con otra. Ambos fueron infelices. Se divorciaron y se volvieron a casar y siguieron siendo infelices. Cuando mi padre enfermó para morir, Catire estuvo presente durante los días más difíciles de su agonía y nos acompañó cargando el féretro hasta su sepultura final. Han transcurrido más de 50 años y mi hermana (que ahora vive en USA) continúa recibiendo una tarjeta de felicitación en cada cumpleaños. Todo un “AMOR RIDÍCULO”.

Hay otra historia de una buena amiga del colegio. Ella estaba de novia con Luis, un chico que estudiaba con nosotras en la misma sección. El romance lo llevaban discretamente. Luis era el hijo menor de una familia de médicos (el padre, la madre y los hermanos mayores eran médicos). Era lo se llamaría en estos tiempos, “un chico de buena familia” porque eran adinerados. Mi amiga pertenecía a una familia de gente trabajadora y muy honesta, pero estas referencias no eran suficientes…

Convencidos los padres de Luis que se trataba de “AMORES RIDÍCULOS”
machacaron tanto que el romance se desgastó de tanta lucha en contra. Mi amiga se había graduado en secundaria y comenzó estudiar medicina en una universidad de la capital. Ya Luis tenía una nueva novia muy adecuada ante los ojos de sus padres. El caso es que Luis que siempre había sido un joven saludable, enfermó gravemente con un diagnóstico de Cáncer Pancreático y no casi nada por hacer, a pesar que sus padres eran médicos. Consultaron con especialistas en otros países pero el cuadro era complicado para aquella época.

Luis se agravó y tuvo que ser recluido en un hospital. Ante esta situación irreversible, su novia no tuvo el suficiente amor genuino para seguir a su lado y le abandonó. Mi amiga vivía y estudiaba en otra ciudad y no sabía que Luis estaba, gravemente, enfermo. En algún momento, la información sobre la gravedad de Luis llegó a los oídos de la madre de mi amiga, quien le llamó y le contó sobre las adversas condiciones de salud de Luis. Ella, de inmediato, volvió a nuestra ciudad para visitar a Luis en el hospital.
No se separó de él hasta que falleció unos meses después. Este es otro AMOR RIDÍCULO.

Nuestros padres en una sobrevalorada protección, nos impusieron su propio miedo a ser felices y nos machacaron hasta el cansancio que el romance de los jóvenes de aquella época eran imposibles, sencillamente, AMORES RIDÍCULOS…

Pienso que, en este momento de cambios de conciencia se requieren
muchosAMORES RIDÍCULOS…!!!

Un abrazzzoooottteee

Elena

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