Viejos trabajos puestos al día, nuevos arqueólogos, geólogos, astrónomos y antropólogos están revitalizando la veracidad de una de las grandes leyendas de todas las culturas humanas. El Diluvio Universal. Los cataclismos habidos en nuestro planeta se habrían debido a bruscos acontecimientos ocurridos en nuestro sistema solar.

El investigador H. S Bellamy reunió quinientos. Quinientos relatos de prácticamente todas las culturas humanas que hablan de un gran diluvio. La posibilidad de que las omnipresentes leyendas fueran ciertas se alimenta, hoy, de datos geológicos y arqueológicos, comenzando por los numerosísimos sedimentos marinos depositados en altas montañas. Ello alimentaría el argumento de que, un día, que las aguas ocuparon un diferente lugar en otro tiempo. Sin duda, una nueva visión de la historia de nuestro planeta está naciendo.

La cultura de Tiahuanaco, asociada al lago Tititcaca, en Bolivia, es una de las grandes incógnitas de nuestro mundo; ni se sabe por qué desapareció ni cómo se construyeron gigantescos edificios tales alturas, pero en lo que muchos están de acuerdo es en que se trata de las más antiguas ruinas de una civilización. En su libro “Construidas antes del diluvio: el problema de las ruinas de Tiahuanaco, Bellamy documenta la existencia de sedimentos marinos en una extensión de 700 kilómetros en aquella área, lo que probaría que el Océano Pacífico alcanzaba, en un tiempo remoto asociado a esa cultura, la altura de esas montañas. Esta  línea  comienza cerca del  lago  Umayo,  en el Perú, a unos cien metros de altura por encima del lago  Titicaca, y pasa al sur de  este  lago,  a  treinta  metros  por  encima  del  agua, hasta  concluir,  en  declive  descendente  hacia  el  sur,  más  allá  del  lago  Coipusa,  doscientos  cincuenta  metros  más  abajo  que  en  su  extremidad  septentrional.

El declive en esos sedimentos se constata con una trayectoria curva y no recta, lo que ha llevado a Bellamy a proponer que ésa es la prueba de que fueron las aguas las que bajaron y no las montañas las que se elevaron, como hasta ahora se pensaba. De ser así, Tiahuanaco habría constituido un puerto de mar a finales del Terciario, lo que explicaría, al mismo tiempo, porqué el lago Titicaca es salado: sería el último vestigio del Océano Pacífico. Este investigador, amparándose en las leyendas de los indígenas, afirma que todavía existen restos de los muelles del puerto de Tihuanaco dentro del lago. El oceanógrafo Cousteau las buscó infructuosamente en los años ochenta, pero el investigador boliviano Hugo Boero Rojo las halló en las cercanías del puerto boliviano de Puerto Acosta, a 20 metros de profundidad, filmando un documental.

Las leyendas asociadas a esta enigmática cultura hablan de que la debacle que la precipitó fue originada por un satélite que orbitaba alrededor de la Tierra, diferente a la luna actual y regía un calendario de 290 días. Su mayor proximidad a nuestro planeta provocaba numerosos eclipses lunares y catástrofes. Son muchos los que piensan que nuestra “luna” es un satélite reciente fruto de alguna colisión en el espacio.

Los enormes interrogantes existentes acerca de la construcción de ciudades en aquel área, y de cómo sus habitantes fueron capaces de llevar tan enormes bloques de piedra hasta lugares tan elevados y cultivar a esas alturas, podrían comenzar a tener una explicación de ser cierta esta hipótesis, discutida por Albert Einstein con Charles Hapgood. Este heterodoxo investigador mantuvo diáologo epistolar con el sabio alemán durante 1953, que fue publicado en el libro “El movimiento de la corteza terrestre”, por la editorial Pantheon, en 1958. “Frecuentemente recibo cartas de gente que me quiere consultar sobre sus ideas no publicadas. La mayor parte son presuntuosas y carentes de credibilidad científica. La primera comunicación que recibí, sin embargo, del señor Hapgood me impactó. Su idea era original, de una gran simplicidad y, si se acaba probando, de una gran importancia para conocer la hisoria de la tierra”.

Einstein también mantuvo correspondencia con Immanuel Velikovski, otro “recuperado”, quien escribió dos controvertidas obras en los años cincuenta tituladas “Mundos en colisión” y “La Tierra en el cataclismo”, en las que defendía las evidencias de que cuerpos estelares tuvieron que ver con los cambios vividos en el planeta. A diferencia de Hapgood, las ideas de Velikovski fueron tachadas de “imposibles” y “sin sentido” por el propio Einstein, aunque el ruso afirma que en los últimos meses de su vida volvió a contemplar esa posibilidad. Sin embargo, recientemente la ciencia “oficial” ha dado la razón a Velikovski cuando fueron hallados los restos de un meteorito en Yucatán (Méjico) y propusieron que fuera el causante de la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años. El análisis del cráter de Koefels, en el Tirol, también apoya este argumento, por medio de las pruebas del carbono, de que un cuerpo estelar se descompuso al chocar con nuestra atmósfera provocando catástrofes.

Las hipótesis de que las debacles y catástrofes acaecidas en nuestro planeta hayan sido provocadas por el impacto de cuerpos estelares cobran fuerza a medida que los datos geológicos, los arqueológicos y los antropológicos se interrelacionan para generar nuevas teorías sobre el clima y su evolución. Entre otras cosas, estas teorías podrían explicar la desaparición de grandes animales, “mastodontes” como el mamut, hace entre 9.000 y 12.000 años. Una desaparición de la que la ciencia oficial sigue responsabilizado al hombre… cuando en aquella época apenas tenía lanzas y flechas. Como se puede deducir al contemplar los indígenas americanos o africanos antes de la llegada del hombre blanco, difícilmente una población humana podía haber aniquilado una especie como los mamuts de más de una tonelada o castores de más de media tonelada. Todas estas especies murieron al final de la era de hielo, dejando en el aire la pregunta de las preguntas: por qué.

Velikovski rebate la teoría de que la edad de hielo finalizara hace un millón de años, como hasta ahora, y sostiene que ocurrió hace tan sólo 12.000 (al menos, “una” era glacial). El ruso fundamenta su teoría en los fabulosos yacimientos de animales extinguidos cuyos huesos fueron encontrados en descomunales fosas a las que habrían llegado, aparentemente, movidos por una fuerza violenta. Fosas como la de Agate Spring Quarry en Nebraska, comprenden 164.000 huesos de 800 animales diferentes. Los más numerosos son de un pequeño rinocerante, otro caballo enano y un cerdo gigante. En Alemania, en un hoyo situado en Neuköln, se encontraron restos fosilizados de mamuts, bueyes almizcleros, bisontes, hienas, renos y dos especies diferentes de elefantes. Todos sus huesos, al igual que en el yacimiento de Nebraska, estaban revueltos, como si una corriente los hubiera juntadao, y su fecha de datación es de hace 12.000 años, el final de la glaciación según las “modernas” teorías. Velikovski, como Hapgood, alude a las pruebas de la región de Tiahuanacu, con la imposibilidad para el traslado de semejantes piedras y la construcción de terrazas, para avalar la teoría de que no fueron las montañas las que se elevaron sino que fue el mar el que bajó.

En pocas palabras, las tesis que, con matices, sostienen Hapgood, Bellamy y Velikovski, entre otros, es que la edad del hielo no terminó hace un millón de años sino hace 12.000. Y que la acción de algún cuerpo estelar como el mítico doceavo planeta o, para otros, Marte, habría sido el detonante del cambio en los polos magnéticos de la tierra, lo que originó en diferentes épocas planetarias, catástrofes como el diluvio universal y la destrucción de los propios dinosaurios. De acuerdo al investigador italiano Flavio Barbiero, la Antártida actual habría sido la Atlántida antes de ser desplazada dos mil millas al sur, hasta su actual emplazamiento. Algunos geólogos también apoyan estas tesis, que están cobrando mucha fuerza en algunas universidades del mundo, como las de Bérgamo y Milán. Es el caso de Alexander Tolman, de la Universidad de Vienta. A su modo de ver, hace 12.000 años hubo un descenso en la capa de ozono que nos protege de las nocivas radiaciones del sol, en el que tuvo bastante que ver el choque de un meteorito. Matt Brinkman, por su parte, en “La datación de la eda de hielo” recuerda que hace 9.000 años perecieron muchos animales, como el mamut y grande felinos.

Toda esta corriente que abarca a eruditos de diferentes campos del saber echaría por tierra la creencia, hasta ahora aceptada por la comunidad científica, de unos cambios graduales en el planeta y la supuesta importancia de la acción del hombre en la eliminación de ciertos animales. Para estos heterodoxos, los bruscos cambios en la biosfera habrían venido originados por modificaciones en el sistema solar. De esta manera, además, la astrología volvería a jugar un papel en el desarrollo de la ciencia.

El gran cataclismo

Todas estas teorías han provocado que diferentes investigadores hayan vuelto a proponer la existencia de un gran cataclismo universal, hace entre 9.000 y 12.000, que habría acabado con grandes civilizaciones en la tierra y habría quedado en la memoria colectiva de numerosos pueblos como “el diluvio universal”. Las ciencias empíricas y las tradiciones espirituales se pondrían de acuerdo gracias a H. S. Bellamy, quien recopiló 500 leyendas de prácticamente todas las culturas del mundo que apoyan esta teoría y las similitudes. Como se ve en el cuadro, las coincidencias son apabullantes.

Según la Biblia y la Torá judía, los únicos superviviente del diluvio fueron Noé, su familia y un número de parejas de animales, navegando en un arca de 300 codos de largo, 50 de ancho y 30 de alto, hecha de madera de gomero calafateada con pez. El diluvio duró días y 40 noches, en los que “las aguas lo cubrieron todo y las fuentes del gran abismo se abrieron”. Noé mandó una paloma y un cuervo y sólo salió del arca desde el monte Ararat cuando la paloma no volvió de su tercer vuelo.

Las tablillas mesopotámicas son una fuente de numerosa información acerca del diluvio. Según las inscripciones sumerias, los supervivientes fueron la familia de Khisustros (o Khasistrata), amigos, animales domésticos y pájaros, ayudados de una nave de 5 estadios de largo y 5 de ancho. “Un terrible chorro de agua se elevó hasta el cielo, el océano rebasó la orilla y los ríos, sus riberas”. Las montañas Gordyene de Armenia fueron el refugio de los supervivientes, que volvieron a Sippara a desenterrar recuerdos de su destruida civilización.

Según las inscripciones asirias y babilónicas, el héroe superviviente se llamó Ubaratutu o Khasisatra, acompañado de su familia, su ganado, criados y animales salvajes, ayudado de una nave de 600 codos de largo, y 60 de alto y ancho. La tragedia duró seis días y seis noches, en los que hubieron “maremotos y chorros de agua…” Los cadáveres de los ahogados flotaban como algas mientras los supervivientes permanecían en el monte Nízar. La paloma que, a diferencia del cuervo, no volvió, también fue la emisaria.de lsa buenas noticias, a resultas de lo cual, Khasisatra y su familia se convirtieron en dioses.

Una variante de la anterior, se encuentra en las inscripciones babilónicas de Asurbanipal. En ella se lee que “una nave con la semilla de la vida a bordo” sobrevivió a un diluvio que duró seis días y seis noches. “Al séptimo día, Ut.-Napishstim” –que así se llamaba el Noé babilónico-, “miró afuera y vio que todo estaba callado. La humanidad había vuelto al barro”. El barco encalló en el monte Nízar. Pasado un tiempo, Ut.-Napishstim mandó una paloma, un cuervo y una golondrina. El cuervo se quedó comiendo los cadáveres y los demás pájaros no volvieron. Después de desembarcar y dialogar con los Dioses, se les concedió la inmortalidad.

La tradición griega y los comentarios antiguos hablan de que, pasada la edad de oro, Zeus vió que los humanos se habían vuelto muy engreídos y decidió que ya era suficiente. Gracias a la intercesión de Prometeo pudieron sobrevivir a la catástrofe Decalion, su mujer Pirra, sus hijos y animales terrestres, incluyendo cerdos, caballos, leones y serpientes. Su cobijo fue un gran cofre en el que navegaron durante 9 días y 9 noches “con el agua saliendo de la Tierra y el mar rebosando”. Según los relatos, el cobjio fue el Monte Parnaso o el Olimpo, al abrirse una grieta en Bambyce, por la que se produjo el desagüe. Decalion y Pirra lanzaron piedras que se convirtieron en hombres o mujeres dependiendo de quien las lanzaba.

La versión coránica es muy parecida a la bíblica. Habla de Noé y su familia y de una inundación que cubrió la tierra, a la cual sobrevivieron en el arca. La catástrofe se describe en los siguientes términos: “la superficie de la tierra hirvió…El arca se movió entre las olas como montañas”. La cosa terminó cuando Alá mandó a la tierra tragarse las aguas y al Cielo detener las lluvias. Finalmente, el arca se posó en el monte Djudi.

Los Puranas de la India hablan de un barco dirigido por el pez divino que salvó a Satyarawata; la inundación duró 7 días (en los que las tres fuentes quedaron sumergidas), hasta que el pez llevó al barco a tierra.

Otra versión de la India habla de que había un hombre llamado Manu que salvó a un pez chiquito de los dientes de uno grande y le dijo: “si me cuidas hasta que sea grande, un día te salvaré de las cosas terribles que están por llegar”. Manu le preguntó qué pasaría y éste le contestö: “se acerca un gran diluvio que lo arrasará todo sobre la tierra”. A medida que el pez iba creciendo, Manu lo iba cambiando a una pecera más grande hasta que se convirtió en un “gasha”, el pez más grande sobre la faz de la tierra. Cuando la lluvia comenzó, Manu ató una cuerda del barco al pez y éste le guió por entre las aguas mientras la lluvia desaparecía, llevándole a una montaña, donde encalló.

En Australia existe una leyenda llamada “El diluvio del tiempo del sueño”, en la que se vieron implicados Noé,. los aborígenes y algunos animales, a bordo de un arca gumana, llamada woramba, que terminó encallando en Djilinbadu, la montaña, donde todavía puede ser encontrada. Para ellos, la leyenda de que el arca está en el medio oriente es una mentira fabricada por los blancos para mantenerles sojuzgados. Esta leyenda es, sin duda, una mixtura fruto del contacto con los misioneros y, para algunos, no hay leyenda alguna que sostenga esta tradición sobre este tema.

Una leyenda persa habla de que los supervivientes fueron Yilma, mil parejas, animales y pájaros. En lugar de la consabida arca, se cobijaron en un refugio o fortaleza subterránea hecha de barro, de una “carrera de caballo de largo”, provista de alimentos, frutas, plantas y animales, pero sin gente mala, ni personas de dientes desiguales ni leprosos. Ello fueron los supervivientes de esa ola de terremotos, inundaciones y fuegos que destruyeron el mundo.

En el suroeste de Tanzania se cuenta que una vez los ríos se desbordaron. Dios avisó a dos personas, conminándoles a tomar muchas semillas y animales en un barco. Así fue cómo el agua cubrió las montañas hasta que un día el diluvio paró. Entonces, el hombre dejó una paloma libre, que volvió. Después, dejó un halcón volar y no volvió. Sólo entonces fue cuando decicieron salir del barco.

En la tradición china de los cuentos del Hihking, la familia supeviviente se llamaba Fuhi, que sobrevivió en un bote de un monumental diluvio que envolvió los árboles y las montañas. Por eso Fuhi es considerado el padre de todos los seres humanos. El, en compañía, de su mujer, tres hijos y tres hijas se encargaron de repoblar la tierra entera. Por cierto, una de las montañas sagradas de una cultura hermana de la anterior, la nipona, se llama “Fuji”.

Entres los caldeos, el nombre del supeviviente es Xisuthrus. Fue el dios Cronos quien le advirtió de lo que venía y le conminó a construir un barco, de cinco estadios por dos, en el que albergó a su familia, sus amigos y dos ejemplares de cada especie animal. El método para averiguar si podía salir es el mismo: dejar escapar pájaros sucesivamente hasta que uno no regresó, prueba de que había encontrado tierra. Entonces hizo los sacrificios correspondientes a los dioses, entendiendo que el peligro había pasado.

América precolombina

Entre los toltecas centroamericanos existe una tradición que habla de que la primera era duró 1760 años, después de la cual, hubo una gran inundación que duró 52 años, a la que sólo sólo sobrevivió una familia, Coxcos y su mujer, Xochil Quetzal, en una gran canoa hecha de madera de ciprés. “Las  montañas  se  hundieron   bajo  el  agua.  Toda  la  humanidad  se  ahogó  o  se  convirtio  en  peces. “Como en otros relatos que hemos visto, Coxcos envió aves, en este caso buitres, que encontraron cadáveres y no volvieron. Después mando un colibrí, que volvió con una rama, después de lo cual, encontraron tierra en la montaña torcida de Colhuacán.

Entre los aztecas, existe la leyenda de Tapi, un hombre muy piadoso, a quien el creador le dijo que construyera un barco con el que sobreviviría, y en el que debía meter a su mujer y a una pareja de cada uno de sus animales. Todo el mundo pensaba que estaba loco, hasta que el diluvio se desencadenó. El no abandonó el barco hasta que… sóltó unas palomas que no regresaron.

En las tradiciones mayas, recopiladas en libros sagrados como el Popol Vuh y el Chilam Balam, se habla de una gran inundación acompañada de fuego y terremotos, de la cual sobrevivió muy poca gente, escondida en cuevas. “Se  oyó  un  gran  ruido  en  el  cielo  y  cayo  una  pesada  lluvia  noche  y  dia.   Los  hombres  trataron  de  trepar  a  las  casas,  pero  las  casas  quedaron  sumergidas.   El  cielo  se  cayó… la  tierra  seca  se  hundio,  y  en  un  momento  termino  la  gran aniquilacion…”

Entre los ojiwbe, que han vivido en Minnesota desde el 1.400 antes de Cristo aproximadamente, también existe una tradición muy similar a la relatada en la Biblia. “Hubo un tiempo en que los humanos discutían entre ellos e incluso en el seno de sus familias. Discutían tanto que Manitú, el creador, decidió realizar una purificación por medio del agua. El agua llegó, anegó toda la tierra y pilló a la mayoría desprevenida. Tan sólo unas pocas parejas vivientes lograron sobrevivir”. Waynaboozhoo es el nombre del héroe, que sobrevivió acompañado de unas parejas de animales en una barquilla.

Los indios de Delaware, también en Estados Unidos, tienen una tradición en la que se habla de que en la era prístina la gente vivía en paz y la tierra estaba sumergida. Tan sólo unas pocas personas encontraron refugio en la concha de una grandísima tortuga, tan vieja que tenía moho. Un pájaro fue soltado para hallar tierra pero sólo encontró mar. Más tarde, otro más volvió con un poco de tierra en su boca, a resultas de lo cual guió a la tortuga hasta ese pedazo de tierra. Entre los hurones, se habla de una inundación que duró varios meses, de la que sólo sobrevivió el padre de las tribus indias, con su mujer, su familia y sus animales. La leyenda habla de que los animales no hacían más que quejarse durante el viaje, por lo cual, al terminar el diluvio, se les quitó la facultad de hablar. Los sioux de Dakota también tienen otra leyenda similar, en la que sobreviven en unas canoas muy grandes una familia y parejas de animales de cada especie, después de una inundación de varios meses, al término de la cual, encontraron tierra firme al oeste. Parecida a la de los indios mandal, con la diferencia de que el superviviente ¡fue un blanco!

En el periodo de tiempo conocido en los Andes como el de la Pachachamama, el hombre se convirtió en un demonio. Estaba tan atareado haciendo cosas malas que se le olvidó hacer las buenas, tan sólo aquellos que vivían en lo alto de los Andes conservaban la pureza. Dos hermanos que vivían en las montañas vieron a sus animales comportarse de manera extraña y les preguntaron lo que sucedía, a lo que contestaron que las estrellas les habían avisado de que se avecinaba un diluvio que destruiría la tierra entera. Entonces tomaron a sus familias y buscaron refugio en una cueva en las altas montañas. La lluvia duró cuatro meses y las aguas subieron pero no alcanzaron la altura de los pìcos. Así fue como las aguas terminaron y la montaña recuperó su altura, pero desde entonces las llamas prefieren vivir en las alturas.

Entre los indios chibcha de Sudamérica, el superviviente fue Bochica y su mujer, refugiándose en la montaña más alta. Al terminar el diluvio, Bochica abrió un agujero en la tierra en Tequendama, por el que desaparecieron las aguas.

Cuadro 1: El cambio magnético de los polos y la Atlántida

Las modernas teorías sobre electromagnetismo y una mejor comprensión del funcionamiento del Planeta, entendido como un ente vivo, están haciendo que se replanteen numerosas cuestiones acerca de nuestro planeta. Entre todas ellas, destaca la interrelación entre lo que ocurre en el universo y en la Tierra, es decir, lo que históricamente se ha conocido como astrología con la biosfera.

La posibilidad de que los polos magnéticos hayan cambiado a lo largo de la vida de nuestro planeta explicaría las inexplicadas glaciaciones. Y ello sería debido a la acción de cuerpos estelares, cuyo impacto habría generado, además, terremotos, vulcanismo y cambios en la temperatura, modificando, como dice las leyes de la termodinámica, la estabilidad del sistema.

El actual estudio de los glaciares a través de datos químicos, isótopos, geométriosa y físicos está posibilitando la datación de los diferentes hielos que existen en el planeta. Concretamente, las mediciones son capaces de datar desde hace 400.000 años. Según estos novísimos datos, fruto de nuevos instrumentos de medición, actualmente nos hallaríamos en una era “interglacial”, llamada Oloceno.

Gracias a ello, se ha delimitado, según Flavio Barbiero, del centro para el estudio de la Prehistoria de Capodiponte, que durante el Pleistoceno el polo norte se encontraba entre Groenlandia y Canadá, mientras que una parte de la Antártida (la que da al Atlántico), era verde y pudo albergar una civilización (la Atlántida) y la otra, que da a Australia sería la que ocupaba el polo magnético. Según este autor, el impacto de un meteorito a finales del Pleistoceno hundió la Atlántida por un tiempo, con todos sus restos, y heló el resto, metidos ya en una nueva glaciación. Los humanos supervivientes fueron los que comenzaron el periodo conocido como Neolítico en America, Africa y Asia, lo que explicaría las numerosas coincidencias entre diferentes culturas de todo el planeta. La inexistencia de ruinas en un lapso de cuatro milenios se explica, según Barbiero, porque el nivel de las aguas ha ido subiendo desde entonces, sumergiendo las huellas de estas civilizaciones, cuyas pruebas están en Cádiz o en las costas de Japón.

Cuadro 2: La importancia de los números 54 y 108 en el antiguo Israel

Según el investigador Donald Patten, de Seattle, la secuencia de los números 54 y 108 relacionada con las catástrofes es continua en la historia del pueblo judío, relatada en el Antiguo Testamento, el Talmud y los trabajos del historiador Flavio Josefo. Cuatro veces en la literatura hebrea, dos en el Antiguo Testamento y dos en la literatura talmúdica y sus comentarios coinciden con estas fechas: la catástrofe de Sodoma y Gomorra, la de los tiempos de Isaías-Hesíodo, la que provocó el Éxodo y la de Gideon ocurrieron en la madrugada de Pascua. Para Donald Patten, todos estos hechos coincidieron con ciclos, y no aleatoriamente, así que sería mejor decir que “ocurrieron” debido a esos ciclos. Coinciden con dos fechas especiales tanto para los romanos como para los calendarios anteriores: se los llamaba los días del “miedo”. El “tubulustrium”, estaba asociado a los “idus” de Marzo, el 20 o 21 de este mes, relacionado con el planeta destructor, Marte y que marcaba el equinoccio y la festividad de la Pascua. El “armilustrium”se situaba alrededor del 24 de Ocubre. Ambos se avecinaban en periodos de 108 años.

Según las investigaciones de Patten, en cada quinto ciclo de estos 108 años, la catástrofe ocurría tanto en marzo como en octubre. En los eventos de octubre, Júpiter estaba en Cáncer, simultáneamente a Saturno en Capricornio, en una oposición de 180 grados. En los de marzo, la situación era la opuesta: Júpiter en Capricornio y Cáncer en Capricornio. El diluvio universal fue una de esas catástrofes, que para Patten se sitúa en el 2.584 antes de Cristo.

También los cambios en el Sáhara datan de las mismas fechas

Supervivencia de fauna del pleistoceno, hace sólo 3.500 años, datado en Méjico

Cuadro 3: ¿Cómo era el Arca de Noé?

De acuerdo a los textos hebreos, el arca de Noé fue cubierta de juncos o cañas y recubierto por magma o lava que contenía piedra pómez, sal y . Eso resultaba en un tipo de aislante que era muy fuerte y ligero. Para muchos, los restos encontrados 17 millas al sur del Monte Ararat, en la base de Al Judi son los restos del arca de Noé. Este pedazo parece que tiene las costillas o cordoncillos dentro de él. Como esos juncos un día estuvieron vivos, se podría utilizar el método del Carbono 14 para fecharlos.

El doctor Thor Heyerdahl construyó dos bote similares a éste en 1969-1970. Con el primero navegaron alrededor de 3.000 millas, y con el segundo, superaron esa cifra. En el lago Titicaca, en Bolivia, se utilizan este tipo de embarcaciones, hechas de juncos.