Asesinos a control remoto: MK Ultra

El asesino o francotirador que mata a decenas de personas se ha convertido en una costumbre más en Estados Unidos. El coreano que asesinó a 32 personas en la Universidad de Virginia se ha convertido en uno más de los misterios sin resolver de la larga historia de criminales “sin motivo”.

El profesor de criminología de la Universidad de Florida, Charles Mesloh, se mostró sorprendido de que Cho “con sólo dos revólveres, fuera capaz de matar a toda esa gente. La única explicación que se me ocurre es que se acercó a esa gente y los ejecutó. Tuvo un nivel de acierto del 60%, algo inusual con ese tipo de revólver”. Los expertos coinciden en que Cho se comportó como un experto tirador cuando no era más que un estudiante, aunque eso sí, se vistió con ropas de comando y ejecutó su acción imitando a una conocida película coreana de acción.

La extraña actuación de la policía y la propia Universidad, que no cerraron las instalaciones durante las dos horas que pasaron entre el primer y segundo tiroteo, y la inexpresiva expresión de su rostro han hecho a muchos investigadores repasar otros asesinatos parecidos.

El más parecido, el de los jóvenes Klebold y Harris que asesinaron a 13 personas en el instituto Columbine el día que se cumplían 110 años del nacimiento de Hitler, en cuyo honor realizaron la masacre. Curiosamente, ambas matanzas sucedieron en torno a las mismas fechas del mes de abril; la de Columbine, el 20 de abril; la de Virginia, el día 16. Pero es que, además, el suicidio colectivo en Waco de la secta davidiana en Tejas, sucedió el día 19 de 1993 y el mismo día, pero dos años más tarde, Timothy McVeigh vengaba la muerte de sus confeligreses con el atentado de Oklahoma, donde murieron 168 personas.

Como los dos asesinos de Columbine, Hui Cho tomaba antidepresivos, cuyos efectos secundarios originan accesos violentos. El coreano mató a 32 personas, un número clave en la francmasonería, antes de matarse, constituyendo, gracias a su muerte, en el no menos emblemático número 33, el grado más alto. La teoría de la conspiración se apuntala sobre un desconocido dato: la hermana del asesino coreano trabaja en el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Sus datos personales confirmaban que ambos hermanos compartían vivienda, pero cuando los reporteros fueron a buscarla ya no vivía allí, se había trasladado. La nacionalidad coreana de origen del asesino es otro de los elementos clave de la teoría de la conspiración al igual que el emplazamiento de la Universidad.

Asesinos históricos

Los asesinos de Robert Kennedy (Sirhan Sirhan), John Fitzgerald Kennedy (Lee Harvey Oswald) y de John Lennon (Robert Chapman) responden a un mismo perfil: personas que oyen voces y están absurdamente obsesionados con la figura de un hombre, respetado por el mundo entero pero incómodo para el Poder. De todos ellos, el hombre que más veces ha sido entrevistado, Sirhan Sirhan, afirmó que no recuerda el asesinato de Robert Kennedy, únicamente su llegada al hotel Ambassador donde se produjeron los disparos; después, su memoria desaparece.

¿Podrían estar tele-dirigidos estos asesinos? La sombra del Proyecto Mind Kontrol-Ultra (Control mental Ultra) ha reemergido con fuerza, al tiempo que las víctimas de este programa están saliendo a la luz en los Estados Unidos para denunciar cómo lavaron sus cerebros y fueron utilizados como esclavos sexuales, espías e, incluso, asesinos.

A día de hoy, el proyecto MK Ultra forma parte de la Historia de los Estados Unidos. Oficialmente, la comisión Church de 1974 acabó con estas prácticas pero todavía en los años noventa, Bill Clinton pidió perdón por su existencia: “miles de experimentos se llevaron a cabo en hospitales, universidades y bases militares en toda nuestra nación, inmorales, no solo para nuestros días sino para los estándars de cuando fueron realizados”. Una de las instituciones donde se realizan estos experimentos es la Universidad de Virginia donde ocurrió la masacre; concretamente, el proyecto DARPA “Defense Advanced Research Projects Agency” (Agencia de investigación de proyectos avanzados de defensa). Pero es que, además, a sólo 200 kilómetros de la Universidad, se encuentran las instalaciones de Blacksburg, especializadas en “operaciones psicológicas”.

En 1953, alarmados por el desarrollo de Rusia y Corea en el campo del control mental, la CIA decide implementar un programa secreto de control mental, “fichando” a decenas de científicos de la Alemania nazi, los más desarrollados en ese campo. Su nombre en clave es “proyecto Paperclip”. MK Ultra se configura como un “paraguas” que comprende 149 subproyectos solo algunos de los cuales conocemos hoy.

Oficialmente, el proyecto MK Ultra se extendió entre los años 1952 a 1965, con un presupuesto de mil quinientos millones de pesetas, e involucró a 185 sabios que en estricto secreto llevaron a cabo 149 investigaciones diferentes en 44 universidades e institutos, 15 fundaciones y laboratorios, 12 hospitales y 3 penitenciarías. Su meta, como apareció en un documento del programa MK Ultra, de 1952, suena todavía hoy a ciencia ficción: “¿Podemos tomar control de un individuo, al punto donde éste hará nuestra voluntad, contra la suya propia, y aún contra las propias leyes fundamentales de la naturaleza y la autoconservación?

Sacados a la luz en los años setenta en el curso de una investigación del Congreso de los Estados Unidos, la mayor parte de los documentos que prueban la existencia de este programa fueron destruidos por Richard Helms, ex jefe de la CIA, cuando abandonó el cargo, en 1973. Aún así, algunos pudieron ser rescatados por la Comisión presidida por Richard Church; en ellos se demuestra que la CIA realizó, entre otros desmanes, experimentos en humanos con radiación. En Internet se pueden encontrar los originales que no fueron destruidos. (Fotocopia). Una investigación posterior de la comisión Church constató que los “voluntarios” no habían dado su pleno consentimiento para participar en esos ensayos, aunque exculpó a la CIA de haberlos llevado a cabo. A consecuencia de ello, el presidente Gerald Ford llegó a prohibir expresamente la experimentación con drogas sin el consentimiento expreso del paciente.

Los archivos sobre el programa Mind Kontrol Ultra desclasificados en 1975 indican que en los años cincuenta comenzaron los ensayos con drogas como el LSD o la mescalina para averiguar cómo tomar el control de la mente de un ser humano y poder crear así el “supersoldado”. La CIA no fue el único organismo norteamericano que utilizó este arma; el ejército norteamericano hizo lo propio y sometió -en principio, con su consentimiento- a varios espías a pruebas de la verdad tras haber ingerido LSD. El experimento trataba de comprobar si determinadas drogas podían hacer que los detenidos “confesaran”.

El informe de 1975 (Washington, D.C.: GPO, 1975) puesto en marcha por el inspector general del ejército a encargo del ministro de las fuerzas armadas, reflejó que el ejército “sólo trabajó con voluntarios, (salvo una o dos excepciones de espías extranjeros)… aunque no se les informó completamente y los métodos para captarlos no concordaban con las prácticas del Departamento de Defensa”.

Algunos oficiales y militares norteamericanos llegaron a denunciar a la CIA y al ejército por estas prácticas, pero estas instituciones solventaron judicialmente estas alegaciones aunque, en secreto, pagaron dinero a las familias de algunas personas muertas por estos experimentos. Concretamente, la CIA pagó a la familia del químico al servicio del ejército, Frank Olson, después de su muerte, tras arrojarse o ser tirado por una ventana, la mitad de una suma de 18.000 dólares. La otra mitad fue pagada por el estado de Nueva York por los fallos de seguridad en un hospital psiquiátrico. Olson trabajaba en el desarrollo de armas biológicas como el ántrax y era un personaje incómodo por sus críticas a ese programa; el extendido rumor sostenido por sus amigos y su propia familia indica que Sydney Gotlieb, jefe de MK Ultra, colocó LSD en su bebida, lo que originó la paranoia que le llevó al psiquiátrico y, más tarde, a su muerte o suicidio.

Estos datos nunca salieron a la luz debido a las presiones para que estos experimentos continuaran. El documento que cierra el “caso Olson” fue firmado por unos jóvenes asesores de la Casa Blanca en el gabinete Ford, llamados Dick Cheney y Donald Rumsfeld.

James Stanley, sargento del ejército y una de las personas que sufrieron estos daños, llegó a entablar un juicio contra el estado, pero la doctrina Feres (en “honor” de un juez que sentó jurisprudencia) impedía que un militar entablara un juicio contra el estado. Este fue el argumento que utilizó el Supremo en otro caso que llegó ante tan alta instancia. Sólo el juez William Brenan disintió del resto al afirmar que “los juicios de Nuremberg en 1947 por delitos de experimentación con humanos que tanto impresionaron a los seres humanos, son moral y legalmente inaceptables. El Tribunal Militar de los Estados Unidos estableció el ‘código Nuremberg’ como un estándar para los científicos alemanes que experimentaron con humanos. En contra de estos principios, oficiales de inteligencia comenzaron experimentos biológicos y químicos sin aviso previo a los participantes”.

George Annas, investigador sobre el uso de seres humanos en la experimentación y en bioética, publicó un libro titulado “El código Nuremberg en los tribunales: ética frente a utilidad”. En sus investigaciones, Annas constata que “los casos en los que los jueces han aludido al Código Nuremberg tienen que ver con aplicaciones no terapéuticas…. Muchos de esos experimentos fueron justificados por consideraciones de seguridad nacional durante la guerra fría”.

La cultura del ácido

Hoy es de dominio público la influencia que el LSD ejerció en el emerger de la llamada cultura psicodélica, de la mano, entre otros, del psicólogo Timothy Leary y el escritor Ken Kesey, pero es muy desconocido su uso en el control mental de la población. En 1957 el doctor suizo Albert Hoffman, descubridor del famoso “ácido lisérgico”, fue contactado por el profesor Roger Heim para sintetizar algunos de los hongos mexicanos más psicoactivos. A ellos se uniría James Moore, de la universidad de Delaware y agente de la CIA. Este proyecto para acabar con el movimiento hippie cristalizó con la extensión del LSD entre toda una generación, conocida como “Operación Caos”, un auténtico ejercicio multitudinario de control mental.

Teóricamente, en 1975 se cortó con este tipo de proyectos cuando el Senado los prohibió pero se ha demostrado que esto no fue cierto. Agentes de la CIA como Víctor Marcheti o Miles Copeland denunciaron posteriormente ante el Congreso que estas prácticas habían continuado en secreto. Experimentos con drogadictos de raza negra a los que se les administraba grandes dosis de LSD, marihuana y mescalina, entre otras drogas, fueron comandados por el doctor Harris Isabel, director del Servicio del Hospital Público de Kentucky.

Llega la electrónica

Después de la investigación con psicotrópicos, los esfuerzos de estos grupos de experimentadores al servicio del gobierno norteamericano se volcaron en la integración de la electrónica. En concreto, el doctor José Delgado, neurofísico de la Universidad de Yale, trabajó en la introducción de una sonda en el cerebro, mediante la cual se podría insertar determinadas emociones en la mente por medio de ondas FM. El doctor Delgado concluyó en sus estudios que el cerebro trabajaba con ondas y que tanto las emociones como la conducta, se podían crear artificialmente. Los vídeos de cómo una persona puede ser teledirigida se pueden ver hoy en Internet así como un curioso experimento con un toro de lidia que escapa del capote rojo.

En 1974, el Dr. Scapitz, científico con fondos del Departamento de Defensa, tuvo una gran idea: cambinar los estudios del MK-ULTRA con las nuevas tecnologías de microondas y la hipnosis. En un desliz, el Dr. Scapitz declaró públicamente que “se proyectará la palabra del hipnotista, mediante la energía electromagnética modulada, a las zonas subconscientes del cerebro del individuo”.

El Dr. Ross Adey, de la Universidad de California, dio un paso más allá al conseguir la miniturización de los emisores insertados en el cerebro, que unidas a las microondas podrían controlar las ondas cerebrales. Poco tiempo después, el Dr. Joseph Sharp, del Instituto de Investigaciones del Ejército, logró transmitir palabras a través de microondas. Ubicado dentro de un flujo de ondas electromagnéticas, Sharp fue capaz de entender claramente palabras transmitidas a él por un compañero. Recientemente, la compañía Verisign ha comenzado a implantar chips en niños de Brasil y Méjico, con fines de seguridad: el chip proporcionaría su ubicación en caso de secuestro. Pero también algunas discotecas de Barcelona han comenzado a implantar chips a sus mejores clientes “para no tener que llevar dinero”; bastará con leer el código de barras del cliente. La última información que poseemos es que 500 hospitales de los Estados Unidos han acordado implantar el verichip: “el sistema de Identificación de Pacientes VeriMed, que consiste en un scanner de identificación de frecuencia de radio (RFID) operado a mano, un microchip RFID implantado, y una base de datos de pacientes segura, está siendo usado para ayudar a rápidamente identificar y proveer acceso a importantes informaciones sobre salud de pacientes participantes”.

Numerosos investigadores acusan a los programas de control mental de los sucesos acaecidos en Ruanda en los años noventa, en los que se habría utilizado, igualmente, el proyecto HAARP que trabaja en el campo de las ondas electromagnéticas, en este caso, en el campo del control mental, suprimiendo la capacidad racional por unas emociones salvajes generadas a través de la radio. La película “Hotel Ruanda” describe perfectamente estos sucesos. Otra película, “El candidato Manchuria”, de la que se realizó un remake hace años bajo el título “El mensajero del miedo”, basa su guión en estos experimentos, situando la acción en la guerra de Irak, en donde se colocan unos implantes de memoria a unos soldados tras ser sometidos a unas torturas muy parecidas a las perpetradas en Abu Ghraib y Guantánamo.

Candy Jones

La más famosa modelo norteamericana de los años 40, llamada Candy Jones, fue víctima de un experimento de control mental, descrito en el libro “El control de Candy Jones”. En él, el autor, Donald Bain, relata las horas de terapia grabadas por Candy y su marido que revelan fue sometida a un programa sistemático para crear diversas personalidades y alterarlas, con el fin de crear mensajeros resistentes a la tortura, de manera que no pudiera ser consciente de la información que llevaba. La información sólo podría ser evocada en un estado hipnótico o como respuesta a una preprogramación. Candy había pasado una infancia plagada de abusos, y había desarrollado una personalidad imaginaria, “Arlene Grant”. Como “Arlene Grant”, Candy había estado trabajando para la CIA y que médico, que había conocido durante la segunda guerra mundial cuando colaboraba, voluntariamente, para el FBI, le había estado inoculando “vitaminas” a cargo de un. El asunto se conoció cuando Carol se casó con un mentalista llamado Long John Nebel que, visto el extraño comportamiento de su mujer, decidió someterla a una hipnosis. A lo largo de las sesiones, la personalidad oculta de Arlene Grant fue saliendo a la luz; esa personalidad había estado realizando labores para la CIA, que la había enseñado a manejar armas e, incluso, tenía un pintalabios para suicidarse en el caso de ser descubierta.

Víctimas del “control mental”

A finales de los años noventa, las víctimas de los programas “MK Ultra” comenzaron a salir a la luz. A la cabeza de todas ellas, Cathy O’Brien, fundadora de la asociación de víctimas y autora del libro “Trance-formation of America”, reeditado en 14 ocasiones. Ayudada por su pareja, Mark Philips, ex agente de la CIA, Cathy ha revivido su pasado como víctima de abusos sexuales por su padre, obligada al porno infantil, esclava sexual de varios presidentes USA y víctima del control mental. Su testimonio aclara no una, sino muchas de las cuestiones actuales. “Cuando sufres abusos sexuales, se crea un trauma en tu mente. Para sobrellevarlo, la mente crea otra personalidad, de tal manera que se crea un ‘desorden de identidad disociativo’ comúnmente llamado ‘mútiple personalidad’. Es en esa personalidad donde MK Ultra trabajó. A mi padre le sobornaron para que hiciera de mí una estrella del porno infantil y, más tarde, en esclava sexual de las altas esferas del poder durante la presidencia de Gerald Ford”. Una vez liberada de su programa y gracias a su inusual acceso a instancias del poder oculto, O’Brien se ha convertido en una informadora de primer orden. “En una orgía en la Casa Blanca, escuché al por entonces presidente de Canadá, Brian Mulroney, decir que ‘sólo podría haber paz si controlamos las mentes de toda toda la población. También se lo oí decir a George Bush y Henry Kisinger; el primero es uno de los jefes del Nuevo Orden Mundial y continuador de la obra de Hitler”. O’Brien afirma haber participado en ceremonias satánicas de la élite del Poder en el soto de Bohemia (California).

No menos impresionante es el testimonio de Brice Taylor. Como O’Brien, fue víctima de abusos sexuales desde pequeña en ceremonias satánicas, esclava sexual de varios presidentes de los Estados Unidos (incluyendo Nixon, Ford, Kennedy y George Bush padre). Taylor fue secretaria personal del germano de origen, Henry Kisinger, durante varias décadas, y usada como correo y espía por parte de este personaje, quien parece ser uno de los cerebros de este tipo de prácticas.

Barbara Hartwell, que afirma haber trabajado para los Iluminati en la propagación de material “new age” para preparar el “New world order”.

El perfil de niño secuestrado, violado en su infancia e inducido a través de las drogas se repite en todos los casos de MK Ultra. El de Duncan O’Finionan tiene todos los ingredientes para una película. Seleccionado por la CIA por su sangre cherokee-irlandesa, en la creencia de que estos pueblos tienen habilidades parapsíquicas, O’Finionan es el prototipo de supersoldado. Secuestrado de niño, víctima de abusos sexuales y preparado para hacer de él un “supersoldado”, formó parte de un escuadrón de niños asesinos en la guerra de Vietnam y confiesa haber matado, como francotirador y con la personalidad que le crearon, a varias personalidades, entre ellas, a un alto cargo de la CIA. En varias ocasiones, aparecía en un lugar, sin recuerdo de cómo había llegado hasta allí. Con unas constantes vitales de superatleta, la rapidez de un velocista olímpico y la fuerza de un luchador profesional (un trabajo que ha ejercido), su perfil es el de un Delta Force, en cuyas fuerzas ha trabajado también. O’Finionan afirma poseer facultades paranormales.

Sectas satánicas

El “Proyecto Monarca” se especializó en el análisis de disciplinas como el vudú y el satanismo y en la creación de cultos, comenzando en 1966 con la iglesia de Satán. A su cargo, la CIA colocó al estudiante de criminología en San Francisco, ex miembro de la policía de esa ciudad y de la Interpol, Anthon Lavey. Su máximo colaborador en el “círculo mágico” que dirigía, era el agente de seguridad nacional (NSA), general Michael Aquino, especialista en guerra psicológica. En 1973, Aquino se convertiría en el máximo responsable de “operaciones psicológicas especiales”, declarando que “la psicología es la victoria en la guerra de las mentes”. El creía que las poblaciones podían ser dominadas por medio de un estado de terror psicológico y de provocar sensaciones de inminente destrucción. Al tanto de las investigaciones citadas anteriormente, Aquino discutió las posibilidades del uso de ondas de baja frecuencia para el control de la mente “sin tener que utilizar una bala”, ya sea mediante emisores de radio, televisión o microondas consiguiendo manipular los sentimientos y pensamientos de la población. Posteriormente, Aquino se independizaría de Levay, creando “la iglesia de Set”, influenciada por el nazi Himler, del que Aquino es un fiel seguidor, llegando a efectuar ceremonias con el uniforme de las SS. Su nombre ha aparecido en juicios sobre pederastia (caso Larry King) y de tráfico de drogas de la contra nicaragüense. Su “iglesia” está dirigida por un consejo de 9 personas, dos de los cuales eran, en los años noventa, agentes de los servicios de inteligencia. Hasta hace poco, Aquino ocupaba un alto cargo en la secretísima NSA, junto con el general Black y el general Hayden, hoy director de la CIA. Cathy O’Brien acusa a Aquino de haber “trabajado” las mentes de al menos uno de los asesinos de Columbine (Klebold o Harris) por medio de drogas. Un dato que se sostiene por la común afición de estos chicos a los cultos satánicos, al igual que otros legendarios asesinos en serie.

La familia Manson estuvo asociada a la “Iglesia del proceso”, ligada a la CIA, en Utah, antes de moverse a California y convertirse en “la Fundación” y desencandenar la célebre matanza en la vivienda del aficionado al satanismo, Roman Polanski. En el juicio a la “Iglesia del proceso del juicio final” (escisión de la Cienciología), se dieron cuenta de hasta 60 casos de abusos dentro de ceremonias satánicas. La información que los psicólogos obtuvieron en los diferentes niveles del inconsciente daba cuenta de un primer nivel de recuerdos como víctimas de abusos sexuales. 45 adultos admitieron haber visto o participado en sacrificios humanos. Todos habían desarrollado problemas psicológicos como múltiples personalidades En un segundo nivel, afloraron incestos. En un tercer nivel, aparecieron los recuerdos de ver a personas herir a otras personas o incluso matarlas. Algunos llegaban haber visto niños asesinados e, incluso, en un nivel más profundo, algunos reconocían haber asesinado a sus propios bebés.

En los años 80, el donante del partido republicano, Larry King, fue condenado por dirigir una red de pedofilia ligada a centros de menores con conexiones en las altas esferas de la policía y el ejército con el fin de sobornar a políticos. El nombre de Aquino apareció implicado en esta trama que hoy es actualidad con el lobbysta israelita, Jack Abramoff, acusado de similar extorsión a congresistas norteamericanos.

La iglesia de la Cienciología y la secta coreana, Moon o “Iglesia de la Unificación”, son otros de los cultos señalados por los investigadores como conectados a estos programas secretos. Los creadores de ambos cultos (Ron Hubbard y Sun Myung Moon) fueron agentes de los servicios secretos, norteamericanos o coreanos. Curiosamente, el coreano que asesinó en Virgina dejó escrita una frase: ISMAIL AX, al parecer procedente de un antiguo culto chamánico coreano y cuyo significado es “autoridad para salar la tierra”, una señal de dignidad personal. Sun Myung Moon fue coronado “rey de la paz”, en presencia de 65 congresistas americanos y un centenar de embajadores.

Según el investigador Christopher Story, el programa Omega de Control Mental estaba ligado al gran consejo de los druidas y al Instituto Tavistock y usa números codificados para hacer que sus “células durmientes” operen y cometan sus asesinatos. El número clave para preprogramar al asesino es 3221456 y para acceder a su programa mental, 33123113211. Las primeras cifras del primer número coincide con el número de víctimas de Cho y el segundo con el número final, una vez suicidado. Las personas que han estado al mando de este programa han sido, según Story, Henry Kisinger, George Bush señor y el Almirante Canaris (Samuel Randall Pittman).

Cuadro 3: El decálogo coreano de un buen lavado de cerebro

Destrucción de la identidad del individuo.

Insinuación de su culpabilidad general.

Incitación a la denuncia de sí mismo.

Instauración de un clima de inseguridad.

Clemencia aparente y proposición de perdón.

Incitación a confesarse.

Insinuación de su culpabilidad.

Autocrítica por deducción lógica de su culpabilidad.

Armonización de los puntos de vista entre las dos posiciones (la real y la imaginaria).

Acabado del cambio del sujeto.

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