El origen del Banco de España

En un momento en el que las políticas monetarias están en el centro de todas las miradas, bueno es conocer los orígenes del Banco de España.

La historia de la moneda ha estado ligada en todo momento al Poder. Durante el Imperio Romano, el César detentaba la potestad de emitirla.

Tras la caída del Imperio, esa potestad continuó en Roma, pero pasó al máximo dignatario del Vaticano, el Papa, que mediante la “regalía” (ver cuadro) otorgó ese derecho a los reyes. No en vano, los reyes de la cristiandad juraban obediencia al Papa.

Sin embargo, nuestra palabra “dinero” no deriva de la influencia latina sino árabe, concretamente, del “dinar”, que fue la moneda en los años de dominación musulmana y todavía es la denominación existente en numerosos países árabes.

Siguiendo el patrón dominante en los diferentes periodos del Imperio musulmán, en Al Andalus se acuñaron “dinares” ; monedas con el peso en oro correspondiente de cada época. Basándose en los modelos persas, primeramente, y después, bizantino, el peso en oro de los dinares varió de entre 4’4 a 4’2 gramos. Curiosamente, también estuvieron ligadas en todo momento, al poder religioso, pues en una cara se colocaba la leyenda “En el nombre de Alá, el compasivo, el misericordioso” mientras que la otra se reservaba para la efigie del califa que las emitiera o para motivos decorativos. Posteriormente, los omeyas emitirían monedas en cobre y también dirhams, de plata.

La disolución del Imperio árabe en los reinos de taifas implicó también la arrogación de la emisión de moneda por parte de los diferentes califas. El primero del que se tiene constancia que emitió “dinares” fue al soberano efectivo de Zaragoza (1024-25) Mundhir Al Mansur, bajo la invocación del califa hammudi al Qasim al Mamum.

Dado que existía un comercio entre los reinos cristianos y árabes, los estudiosos inducen que habría una correspondencia entre las monedas de uno y otro lado de la frontera. Se sabe que los cristianos cobraban a los reyes musulmanes de taifas un impuesto en dinares (oro) o dirhams (plata).

Durante la Edad Media, circularon en los reinos cristianos doblas y maravedíes de oro, reales de plata, sueldos (como unidad de cuenta) y denarios o dineros (como unidad efectiva). Cada reino emitía su propia moneda, con la efigie de cada rey.

Con la unificación conseguida por los Reyes Católicos, el patrón básico monetario se estableció con el “excelente” o “ducado” (oro), el maravedí como unidad de cuenta, aunque todavía circulaban el real de plata y la “blanca” o “vellón”.

Llega el papel mneda

Felipe V instaura el papel moneda con la emisión de los primeros vales reales. Es decir, papeles que equivalen a una determinada cantidad de oro, a pagar por el emisor. Pero no es hasta el siglo XIX cuando se fija el sistema monetario español. Concretamente, de manos de Isabel II. En el año 1833, la reina Isabel II fija el “doblón” o “centén isabelino” como unidad del sistema, que equivalía a 100 reales o 10 escudos de plata. Además, todavía circulaba el medio duro de plata, que equivalía a 10 reales o 1 escudo. Y el duro, equivalente a 20 reales. También existía ya la peseta (equivalente a 4 reales), la media peseta y el real.

La historia cercana del Banco de España comienza en pleno siglo XVIII con la creación del Banco Nacional de San Carlos, llamado así, porque su mentor fue Carlos III. Era un banco privado, es decir, en un principio era el banco del Rey, como se deduce de su nombre, y se constituyó para hacerse cargo de la deuda pública. Es decir, que el Banco del Rey prestaba a la Hacienda Pública. Sin embargo, al poco tiempo, se convirtió en un banco de accionistas, del cual se puede sospechar su origen.

Su primer director fue el banquero francés Francisco Cabarrús que, dos años antes de la creación de este banco, había negociado con la Real Hacienda, la emisión y colocación de una nueva forma de deuda pública; los llamados “vales reales”. Según relata la propia información institucional del Banco de España, “estos vales reales proporcionaban un interés del 4 por 100 y tenían propiedades de papel moneda en operaciones al por mayor y en el pago de impuestos. Uno de los principales objetivos que se asignaron al nuevo banco fue precisamente hacer frente a la depreciación que sufrían los “vales reales”. Para ello se le autorizó a adquirirlos, cuando se le presentasen a la vista, pudiéndolos pagar en metálico”. Es decir, en moneda de oro o plata.

Con el tiempo, este banco se acabó convirtiendo en emisor de papel moneda, siempre acuciado por los enormes gastos ocasionados por las guerras en las que se veía envuelta España. Según se comenta en la información institucional del Banco de España, “el Banco de San Carlos tenía capacidad de emitir billetes al portador, aunque no usó de esta facultad más que en cortos períodos. Aunque en los primeros tiempos las operaciones del Banco fueron bien, más tarde las implicaciones de la corona española en una serie continuada de guerras entre 1793 y 1814 llevaron al Banco a una situación de serias dificultades”.

El resultado fue que en 1814, el estado debia al Banco 300 millones de reales (75 millones de pesetas). En 1829, el ministro de Hacienda, López Ballesteros, estableció los “presupuestos del Estado”, lo que hizo que la Hacienda tuviera que pedir adelantados los dineros a fin de salvar los desfases entre entrada y salida de dinero del Tesoro. Por eso, el ministro dotó a ese banco con 40 millones de reales, lo que hizo que los accionistas lo refundaran como el “Banco Español de San Fernando”.

Es en ese momento cuando se convierte en la única entidad emisora de dinero, continuando siendo privado, por supuesto. Y lo siguió siendo hasta que, en 1844, nacen el Banco de Isabel II y el de Barcelona, también con potestad de emitir moneda. En especial, el segundo, empezó a competir con el de San Fernando en la facultad de emitir créditos, sobre todo en el sector privado. Unas malas maniobras del Banco de Isabel II hicieron que, para salvarlo, se recomendara la fusión de ambos en 1847. De esa fusión nacería el Banco Español de San Fernando.

En 1864, durante el denominado “Sexenio Democrático”, se fija la Peseta de 100 céntimos como unidad del Sistema Monetario español.

En 1874, embarcado el Estado en una guerra colonial y otra civil, a cambio de un crédito adicional, se concede al Banco de España la emisión única del papel moneda, continuando siendo un banco privado. En ese momento, los bancos provinciales tuvieron que convertirse en sucursales o bien como bancos comerciales, sin capacidad para emitir moneda. Ello dio origen a la red de sucursales del Banco de España, que llegó a tener 70.

La Ley de Ordenación Bancaria de 1921, reguló por vez primera las relaciones entre el Banco de España y la banca privada, “intentando que se convirtiera en un auténtico banco central, como modernamente se conoce, ampliándose su capital, y otorgándole el papel de inspector de la banca privada y de los cambios respecto a otras monedas, estableciendo un tipo de interés preferente para las operaciones de redescuento con los otros bancos”, según la información del propio Banco de España.

Fue en la política sobre el cambio de la peseta donde se originarían más disputas entre el Gobierno y el Banco de España durante la década de los años 20 y con la propia Segunda República, hasta 1936. Ambos, Gobierno e institución emisora, peleaban sobre la capacidad de disponer de las reservas de oro, acumuladas por el Banco desde comienzos del siglo XX y que se emplearían para la compra de armas en el subsiguiente conflicto civil.

Con seguridad, pocos historiadores han valorado convenientemente esta disputa como origen de la guerra que enfrentó a los españoles en la década de los años 30 del siglo pasado. Una disputa, la de la emisión de la moneda, que, para muchos historiadores, ha sido el origen de gran parte de los magnicidios ocurridos en Estados Unidos (Andrew Jackson, McKinley, Lincoln y Kennedy).

El General Franco iría arrogándose poderes del Banco de España desde que emitió en 1946 la Ley de ordenación bancaria haciendo de éste un apéndice del Ministerio de Hacienda. En los siguientes años, permitiría una mayor influencia del mercado hasta que en 1962 emitió el decreto ley de “Nacionalización y reorganización del Banco de España” en virtud del cual dejó de ser una entidad privada. “La Ley de Bases seguía confiando la responsabilidad de la política monetaria al Ministerio de Hacienda, pero se reconocían al Banco autoridad y competencias, en el orden técnico, para ejecutar y desarrollar las medidas correspondientes”.

Regalía: según el diccionario Espasa.

1-Prerrogativa regia; como el batir moneda.

2-Privilegio que la Santa Sede concede a los reyes o soberanos en asuntos relacionados con la Iglesia.

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